Es un blog especial, de sentimientos, luces y colores que nos acompañan en nuestro proyecto de vida y en nuestro caminar diario. Para personas sensibles, artistas, aventureros, trabajadores sin un minuto y algún que otro intelectual
viernes, 28 de enero de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
MIRANDO AL MAR
Mi viaje este fin de semana me lleva a Huércal Overa, un pueblo de Almería, donde la gente que no tiene mucho por hacer se sienta en las esquinas a ver pasar la vida. Mi historia en este lugar comienza el sábado 15 de enero, una mañana soleada. En mi paseo hacia el centro de este pueblo sus gentes me observan haciendo fotografías, ya que soy una extraña para ellos y después de una gran cuesta llego a la casa casi en ruinas de las cuatro torres. Una pena que se encuentre en esa situación tan deteriorada. En su jardín hay una grúa por lo que me imagino que le queda poco tiempo de vida, prosigo mi camino y más adelante me encuentro con la iglesia y poco más que contar. Bueno, sí, se me olvidaba nombrar a los universitarios, que se dedican, al llegar la tarde noche a hacer sonar sus motos calle arriba calle abajo sin tubos de escape. No dejando dormir ni a los del pueblo ni a los visitantes entre los cuales me incluyo pero mi destino no es éste, llevo varios meses sin ir al mar, y lo necesito. Por lo que me desplazo hasta Puerto Rey, en la playa de Vera zona casi desierta estos meses de invierno de la cual disfruto inmensamente. El agua parece tranquila, el sol hace intentos una y otra vez de aparecer entre las nubes dejando sus reflejos sobre el mar. En mi paseo voy marcando huellas sobre la arena que pasados unos minutos acaban por desaparecer con el ir y venir de las pequeñas olas.
Alguna que otra gaviota vuela sobre mi cabeza mejorando las vistas de este Mediterráneo infinito, de un azul casi irreal, que muestra toda su intensidad estos meses de invierno; todo un tributo al color.
Paso tras paso en mi caminar llego a una pequeña charca de agua dulce que llega hasta la playa y se encuentra llena de patos. Desde ella puedo ver cómo esa magnífica luz anaranjada del atardecer comienza a brillar intensamente sobre la laguna produciendo la oportuna transición de colores de la tarde a la noche, que se convierte en espectacular.
Aunque a todos nos gusta admirar la playa, hay quien la prefiere en fotografía, lejos de la arena, y la brisa del mar un poco fresca. Para ellos las fotos de la siguiente entrada. Pero querido lector, si tienes tiempo y no te importa la arena sobre los pies descalzos, piérdete en esta playa en invierno y disfruta de su paz porque es maravilloso sentirse tan vivo.
Alguna que otra gaviota vuela sobre mi cabeza mejorando las vistas de este Mediterráneo infinito, de un azul casi irreal, que muestra toda su intensidad estos meses de invierno; todo un tributo al color.
Paso tras paso en mi caminar llego a una pequeña charca de agua dulce que llega hasta la playa y se encuentra llena de patos. Desde ella puedo ver cómo esa magnífica luz anaranjada del atardecer comienza a brillar intensamente sobre la laguna produciendo la oportuna transición de colores de la tarde a la noche, que se convierte en espectacular.
Aunque a todos nos gusta admirar la playa, hay quien la prefiere en fotografía, lejos de la arena, y la brisa del mar un poco fresca. Para ellos las fotos de la siguiente entrada. Pero querido lector, si tienes tiempo y no te importa la arena sobre los pies descalzos, piérdete en esta playa en invierno y disfruta de su paz porque es maravilloso sentirse tan vivo.
sábado, 8 de enero de 2011
Fines de semana para el deporte
Atrás dejamos el 2010, las Navidades... Espero que con el nuevo año también se deje atrás la falta de trabajo que afecta a muchas familias, pero en los comienzos de este año no todo son olvidos del año que nos deja; siempre quedan cosas buenas, las cuales debemos continuar. Y una vez más, dentro de pocas semanas, dará comienzo el Circuito de Carreras Populares. Son ya 11 años recorriendo los pueblos de nuestra provincia, pero los atletas no van solos: familiares, amigos... les acompañan en su viaje. Días para el deporte y hacer alguna que otra visita a las más variopintas zonas de nuestra provincia. No podemos olvidar las carreras de Alcaraz, Elche de la Sierra, Riópar, La Roda, Abengibre, Valdeganga, y sobre todo esta última por la gran cuesta... Pero no son solamente carreras y pueblos: son fines de semana compartidos entre familia y amigos, fines de semana añorados para los que nos quedamos esperando en la meta mientras aprovechamos para ver el pueblo, hacer algunas fotos, grabar vídeos, degustar productos típicos o cambiar la rutina diaria por un día al aire libre. Esperemos, un año más, poder disfrutar con estos momentos.

martes, 4 de enero de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
Yeste
En cualquier tarea, el entusiasmo marca la diferencia, entre lo que se hace por obligación después de una semana llena de trabajo y lo que se hace por deseo.
Pues bien, hoy durante el desayuno hemos decidido hacer una excursión a Yeste, pueblo de la sierra de Albacete, un lugar para perderse como dice Jordi, que tuvo la oportunidad de conocerlo a fondo en el 2008 junto a Ruta Quetzal.
Nuestra aventura comienza después de varios kilómetros cuando llegamos a Elche de la Sierra, pueblo que ya conociamos por las carreras populares con la subida a la Peña de San Blas. Una paradita para que Jordi, Javi y Manuel cojan en el punto de información planos de senderos. Yo decido ir a comprar una candelaria (bollo con nueces y cabello de angel hecho en horno de leña tradicional). Inmediatamente, continuamos nuestro viaje pero ahora degustando este manjar. Las curvas de la carretera, el olor a pinos y la magia del paisaje aportan aún más relax a esta pequeña escapada, y es que muchas veces basta con elegir algo por lo que se puede sentir, aunque sea insignificante, para comenzar bien el día. Momentos para olvidar el estrés, los agobios de la ciudad... Un día para respirar, ver los colores del otoño, buscar níscalos, descubrir paisajes, recorrer sendas o hacer algunas fotos.
Entre pinos llega nuestra primera parada al lado de un pequeño riachuelo lleno de libélulas. Las miro detenidamente, es una pena que el 15% de esta especie en Europa se encuentre en peligro de extinción, pero siempre hay gente comprometida y se ha creado un programa llamado LIFE para el rescate de mariposas y libélulas.
Un momento para volar, poder apreciar el paisaje, comprender que no tenemos nada y lo tenemos todo.
Acercarse a los espacios naturales, cerrar los ojos, escuchar la naturaleza, supone una vuelta a las raices que sustentan la vida. Algo pasa en este lugar, entre el mito y la realidad, se cuela la vida misma.
Después de una comida en la cercanía de este riachuelo de aguas transparentes iniciamos nuestro camino.
Cuestas escarpadas con una inclinación importante, todo un recorrido especial. Mientras la tarde va avanzando, llegamos a un grupo de casas que siguen teniendo el sabor de la sierra, sus chimeneas humeantes nos indican la caída del sol. En estos lugares uno pone el acento en las otras cosas, en las otras pasiones, en los bienes que no tienen precio. Y así en mi camino de ascenso cierro los ojos y siento la paz, el frío de la tarde, el canto de los pájaros. Poco a poco, paso a paso, palo en mano llegamos a lo alto donde nos encontramos un mirador especial. Caracoleando desde lo alto, iniciamos nuestro descenso por una pequeña senda entre barro y piedras llenas de musgo, y dejándonos mecer por el suave ondular de sus cada vez más incipientes cuestas llegamos a los pies de un centenario nogal, enorme, con las hojas amarillas. No podemos olvidar que estamos en otoño. Bajo sus ramas hacemos algunas fotos y admiramos la cascada colgada de un risco de Collado Tornero. Su espectacularidad radica en el encajonamiento del agua en varios trayectos de su caida, realizando así piscinas y cascadas. Esta vista es una de las más espectaculares del Parque Natural Los Calares del Río Mundo, espacio protegido desde el año 2005 siendo uno de los más grandes de España. Pero lo mejor del día está por llegar...
Camino de Arroyo Chico nos decidimos a saludar a Antonio Manzanares, un fotógrafo de reconocimiento mundial, lleno de generosidad, atrevimiento y capacidad para reflejar con su cámara la naturaleza, reinventando la creatividad y así plasmando lo nunca visto, o quizás algo que por estar tan cerca pasa desapercibido.
Un kilómetro más acompañados por un paisaje que enamora, entre los árboles, susurros de animales, sonidos del agua que se mezclan en una irrepetible sinfonía.
La suerte está a nuestro favor: vemos a Antonio a lo lejos con unos amigos. Decidimos dejar el coche al llegar a la finca, ya que la atreviesa un río y recorremos el último trayecto a pie. Saludos, presentaciones y como siempre Antonio, educado, hospitalario, bohemio, nos dice que tenemos que subir a su casa en los Giles.
Atravesamos el río con el coche y ahí comienza nuestra aventura, cuando a mitad del río el vehículo comienza a derrapar. Antonio se ríe pero al final logramos salir.
Viendo estos paisajes entiendo el trabajo de Manzanares y los milagros de la naturaleza. Un camino forestal con una gran inclinación nos lleva a su refugio en lo alto de la montaña. La energía se percibe al llegar a la casa y poder desde el mirador contemplar todo el valle, junto a la escasa luz que dibuja las montañas al caer de la tarde, bosques de un verde casi negro. Impotentes ante tanta belleza hacemos algunas fotos de unas vistas que no tienen desperdicio. Momentos únicos que invitan a soñar y contemplar un laberinto lleno de magia donde el horizonte se vuelve generoso y así admiramos este refugio que parece ser perfecto para cualquier artista, auditorio de la naturaleza capaz de enamorar al más inmortal de los seres humanos. En esto consiste la metafísica de las cosas preciosas.
Cae la tarde, y Antonio, Carmen... como buenos anfitriones encienden la chimenea mientras tomamos una infusión de frutos secos y hierbas de la montaña. Pasan los minutos entre libros únicos llenos de fotografías, testigos de momentos de una vida. Mirando estas fotos uno se da cuenta de las hermosas lecciones que nos ofrece la naturaleza. Junto a la chimenea las estrellas comienzan a surgir y con ellas la despedida de un día reconfortable, cálido, lleno de sonrisas, detalles estimulantes que nos recuerdan que seguimos vivos.
Absolutamente entrañable.
Pues bien, hoy durante el desayuno hemos decidido hacer una excursión a Yeste, pueblo de la sierra de Albacete, un lugar para perderse como dice Jordi, que tuvo la oportunidad de conocerlo a fondo en el 2008 junto a Ruta Quetzal.
Nuestra aventura comienza después de varios kilómetros cuando llegamos a Elche de la Sierra, pueblo que ya conociamos por las carreras populares con la subida a la Peña de San Blas. Una paradita para que Jordi, Javi y Manuel cojan en el punto de información planos de senderos. Yo decido ir a comprar una candelaria (bollo con nueces y cabello de angel hecho en horno de leña tradicional). Inmediatamente, continuamos nuestro viaje pero ahora degustando este manjar. Las curvas de la carretera, el olor a pinos y la magia del paisaje aportan aún más relax a esta pequeña escapada, y es que muchas veces basta con elegir algo por lo que se puede sentir, aunque sea insignificante, para comenzar bien el día. Momentos para olvidar el estrés, los agobios de la ciudad... Un día para respirar, ver los colores del otoño, buscar níscalos, descubrir paisajes, recorrer sendas o hacer algunas fotos.
Entre pinos llega nuestra primera parada al lado de un pequeño riachuelo lleno de libélulas. Las miro detenidamente, es una pena que el 15% de esta especie en Europa se encuentre en peligro de extinción, pero siempre hay gente comprometida y se ha creado un programa llamado LIFE para el rescate de mariposas y libélulas.
Un momento para volar, poder apreciar el paisaje, comprender que no tenemos nada y lo tenemos todo.
Acercarse a los espacios naturales, cerrar los ojos, escuchar la naturaleza, supone una vuelta a las raices que sustentan la vida. Algo pasa en este lugar, entre el mito y la realidad, se cuela la vida misma.
Después de una comida en la cercanía de este riachuelo de aguas transparentes iniciamos nuestro camino.
Cuestas escarpadas con una inclinación importante, todo un recorrido especial. Mientras la tarde va avanzando, llegamos a un grupo de casas que siguen teniendo el sabor de la sierra, sus chimeneas humeantes nos indican la caída del sol. En estos lugares uno pone el acento en las otras cosas, en las otras pasiones, en los bienes que no tienen precio. Y así en mi camino de ascenso cierro los ojos y siento la paz, el frío de la tarde, el canto de los pájaros. Poco a poco, paso a paso, palo en mano llegamos a lo alto donde nos encontramos un mirador especial. Caracoleando desde lo alto, iniciamos nuestro descenso por una pequeña senda entre barro y piedras llenas de musgo, y dejándonos mecer por el suave ondular de sus cada vez más incipientes cuestas llegamos a los pies de un centenario nogal, enorme, con las hojas amarillas. No podemos olvidar que estamos en otoño. Bajo sus ramas hacemos algunas fotos y admiramos la cascada colgada de un risco de Collado Tornero. Su espectacularidad radica en el encajonamiento del agua en varios trayectos de su caida, realizando así piscinas y cascadas. Esta vista es una de las más espectaculares del Parque Natural Los Calares del Río Mundo, espacio protegido desde el año 2005 siendo uno de los más grandes de España. Pero lo mejor del día está por llegar...
Camino de Arroyo Chico nos decidimos a saludar a Antonio Manzanares, un fotógrafo de reconocimiento mundial, lleno de generosidad, atrevimiento y capacidad para reflejar con su cámara la naturaleza, reinventando la creatividad y así plasmando lo nunca visto, o quizás algo que por estar tan cerca pasa desapercibido.
Un kilómetro más acompañados por un paisaje que enamora, entre los árboles, susurros de animales, sonidos del agua que se mezclan en una irrepetible sinfonía.
La suerte está a nuestro favor: vemos a Antonio a lo lejos con unos amigos. Decidimos dejar el coche al llegar a la finca, ya que la atreviesa un río y recorremos el último trayecto a pie. Saludos, presentaciones y como siempre Antonio, educado, hospitalario, bohemio, nos dice que tenemos que subir a su casa en los Giles.
Atravesamos el río con el coche y ahí comienza nuestra aventura, cuando a mitad del río el vehículo comienza a derrapar. Antonio se ríe pero al final logramos salir.
Viendo estos paisajes entiendo el trabajo de Manzanares y los milagros de la naturaleza. Un camino forestal con una gran inclinación nos lleva a su refugio en lo alto de la montaña. La energía se percibe al llegar a la casa y poder desde el mirador contemplar todo el valle, junto a la escasa luz que dibuja las montañas al caer de la tarde, bosques de un verde casi negro. Impotentes ante tanta belleza hacemos algunas fotos de unas vistas que no tienen desperdicio. Momentos únicos que invitan a soñar y contemplar un laberinto lleno de magia donde el horizonte se vuelve generoso y así admiramos este refugio que parece ser perfecto para cualquier artista, auditorio de la naturaleza capaz de enamorar al más inmortal de los seres humanos. En esto consiste la metafísica de las cosas preciosas.
Cae la tarde, y Antonio, Carmen... como buenos anfitriones encienden la chimenea mientras tomamos una infusión de frutos secos y hierbas de la montaña. Pasan los minutos entre libros únicos llenos de fotografías, testigos de momentos de una vida. Mirando estas fotos uno se da cuenta de las hermosas lecciones que nos ofrece la naturaleza. Junto a la chimenea las estrellas comienzan a surgir y con ellas la despedida de un día reconfortable, cálido, lleno de sonrisas, detalles estimulantes que nos recuerdan que seguimos vivos.
Absolutamente entrañable.
lunes, 6 de diciembre de 2010
CUATRO DÍAS DE VACACIONES (III)
Me ha gustado la noche en el camping. El canto de las chicharras, muy abundantes en esta zona pero, en fin, tenemos todo un día por delante y nos decidimos a recorrer parte del Parque Natural del Cabo de Gata, no sin antes hacer una breve visita al supermercado de Las Negras para comprar hielo, coca-cola y pan del día. Iniciamos nuestro trayecto llegando a Los Albacetes. No sabíamos que existiera una aldea el Almería de semejante nombre, por lo que tomamos la fotografía de rigor. Continuando por la carretera, llegamos a una señal que nos indica la cercanía de la Playa del Carnaje, de acceso muy dificultoso, imposible para coches, y si no que se lo pregunten a Manuel que, de milagro, no cayó con su todo terreno por un barranco. Jordi y yo decidimos bajar a una playa que se divisa hermosísima desde la lejanía, pero inimaginable en la cercanía. Guijarros enormes de colores, todos iguales, como hechos por una misma máquina, la naturaleza. Olvidada del mundo, del estrés, solamente el sonido de alguna gaviota y del agua y dos palmeras medio secas a su comienzo. Pero toda su majestuosidad no reside solamente en eso, sino en la vista espectacular que hay, llegando a la orilla, consistente en dos volcanes simétricos, imagen digna de la más valiosa fotografía.
sábado, 4 de diciembre de 2010
CUATRO DÍAS DE VACACIONES (II)
La tienda, por poner, sobre el suelo pero, como siempre, con dos expertos, en unos segundos, pim, pam, la tienda se levanta. Y yo, sin mover un dedo. Algo más complicado resulta elevar por primera vez la hamaca, aunque parezca mentira y, si no, que se lo pregunten a la espalda de Jordi, con un acercamiento al suelo con la aceleración de la gravedad. Pero llegó McGuiver e hizo un nudo estupendo. Nada de esto nos impidió pasar unos buenos momentos entre risas y la instalación total. Por fin, un bañito y, después, ¡a comer!
Por la tarde, decidimos ir a comprar agua a un pequeño pueblo cercano, Las Negras y recordaré siempre la tarde que pasamos mirando al mar en su paseo marítimo con los pies colgando sobre la arena y tomándonos un helado entre risas y relax. Nada importante y, sin embargo, inolvidable.
Noche llena de estrellas, con las Perseidas. Estamos en el sitio adecuado, nada de contaminación y junto al mar.
El ruido del campamento nos despierta temprano. Un buen desayuno que, como siempre, he preparado previamente en casa: tostadas, café, fruta, pasteles, zumo... Bueno, no os cuento la cara de los vecinos y cómo se les iban los ojos a nuestra mesa de desayuno. Hay que tomar fuerzas porque vamos a vivir una gran aventura. Nos perderemos por las sendas del parque natural para llegar a una playa única. Pero eso será en otra entrada.
Por la tarde, decidimos ir a comprar agua a un pequeño pueblo cercano, Las Negras y recordaré siempre la tarde que pasamos mirando al mar en su paseo marítimo con los pies colgando sobre la arena y tomándonos un helado entre risas y relax. Nada importante y, sin embargo, inolvidable.
Noche llena de estrellas, con las Perseidas. Estamos en el sitio adecuado, nada de contaminación y junto al mar.
El ruido del campamento nos despierta temprano. Un buen desayuno que, como siempre, he preparado previamente en casa: tostadas, café, fruta, pasteles, zumo... Bueno, no os cuento la cara de los vecinos y cómo se les iban los ojos a nuestra mesa de desayuno. Hay que tomar fuerzas porque vamos a vivir una gran aventura. Nos perderemos por las sendas del parque natural para llegar a una playa única. Pero eso será en otra entrada.
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